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Por qué debes seguir llevando mascarilla aunque ya te hayas vacunado

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Agencia SINC

18/03/2021

Las vacunas contra el nuevo coronavirus funcionan para protegerse del COVID-19, sobre todo, de las formas más graves de la enfermedad, pero por ahora se desconoce hasta qué punto pueden frenar la transmisión. Por eso es tan importante seguir con las medidas de protección para evitar nuevos contagios.

Una señora recibe la vacuna contra el COVID-19 / © Adobe
Una señora recibe la vacuna contra el COVID-19 / © Adobe Stock.

Las actuales vacunas del COVID-19 evitan que la persona que las recibe se ponga enferma, sobre todo muy enferma, y necesite ingresar en una unidad de cuidados intensivos. Sin embargo, todavía se desconoce si las aprobadas hasta el momento también protegen de la transmisión del virus, o hasta qué punto lo hacen. Es decir, una persona vacunada podría infectarse sin desarrollar síntomas graves, pero seguir contagiando.

Sin embargo, seis meses después del inicio de la vacunación, numerosos estudios apuntan que las vacunas también reducen significativamente la infección y, en consecuencia, reducen la transmisión del virus. “Según la evidencia disponible podemos afirmar que la eficacia de las vacunas aprobadas en la actualidad es alta y, por tanto, el riesgo de infección tras la exposición es muy bajo”, concluye un informe publicado a finales de mayo por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES).

No obstante, a pesar de haber recibido la vacuna, uno debe seguir con todas las medidas de protección para evitar contagios: uso de mascarilla, lavado de manos, distancia de seguridad y ventilación de espacios cerrados. “Nosotros no nos cansamos de repetirlo”, dice Sonia Zúñiga, viróloga del Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CNB-CSIC).

Se desconoce hasta qué punto las vacunas aprobadas protegen de la transmisión del virus

Las vacunas aprobadas en Europa son capaces de inducir una buena respuesta inmunitaria y tienen, en general, grados muy altos de eficacia. Pero en los ensayos clínicos para demostrar su eficacia y seguridad solo se ha observado si el fármaco previene del COVID-19 y protege a las personas que tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones.

Las evidencias sobre la inmunidad

Los resultados de los ensayos publicados hasta ahora muestran que, por un lado, las vacunas contribuyen a que el sistema inmunitario fabrique anticuerpos neutralizantes, parte de las inmunoglobulinas IgG que detectan los test serológicos. Y, por el otro, también activan unas células específicas del sistema inmunitario —los linfocitos T—, entrenándolas para que sean capaces de atacar el SARS-CoV-2 en caso de infección.

Este despliegue inmunitario evita que el virus ataque los pulmones, donde se instala y causa la neumonía del síndrome respiratorio agudo grave. Pero faltan datos para saber si las vacunas también inducen una inmunidad parecida en las mucosas, por donde se el virus se ‘cuela’ dentro del organismo. Por lo tanto, se desconoce si las vacunas contra el nuevo coronavirus también son ‘esterilizantes’, es decir, impiden la replicación del virus en la mucosa de las vías respiratorias superiores.

Exudado orofaríngeo para detectar la posible presencia del virus en la garganta/ © Adobe
Exudado orofaríngeo para detectar la posible presencia del virus en la garganta / © Adobe Stock.

En la nariz y la garganta habitan otro tipo de anticuerpos, las inmunoglobulinas IgA, que ‘barren’ la entrada de virus respiratorios, como el SARS-CoV-2. Si el virus coloniza la parte superior del sistema respiratorio, el patógeno es capaz de sobrevivir, a pesar de que no cause formas graves del COVID-19. Por eso es tan importante mantener el uso de las mascarillas, el lavado de manos, las distancias y la ventilación, que minimizan el riesgo de que la nariz continúe siendo un foco de contagio para otras personas.

En los estudios en animales tampoco se observa protección frente a la infección del virus en las fosas nasales, lo que sugiere que puede seguir habiendo transmisión. El patógeno sobrevivió en las narices de primates no humanos vacunados y posteriormente expuestos al virus, a pesar de que la carga viral era menor que en los no vacunados, según estudios preclínicos de Moderna.

En los estudios en animales no se observa protección frente a la infección del virus en las fosas nasales, lo que sugiere que puede seguir habiendo transmisión

“No sabemos cuánta cantidad de virus es transmisible”, advierte Beatriz Mothe, especialista del servicio de enfermedades infecciosas y una de las investigadoras que lleva a cabo el ensayo clínico de la vacuna de Janssen en el Hospital Germans Trias i Pujol, en Badalona.

Por su parte, Zúñiga señala que los datos publicados sobre la vacunación en Israel, el país con el plan de inmunización más avanzado, muestran que la transmisión del virus está bajando, a pesar de que aún se desconozca si las vacunas evitan los contagios. “Una posible explicación es que la carga viral sea menor y tengas menos probabilidades de contagiar, aunque todavía no está claro”, explica con prudencia.

La vacunación prioriza mayores y vulnerables

Las vacunas aprobadas por ahora en Europa —que a fecha 25 de junio son las de Pfizer-BioNTech, Oxford-AstraZeneca, Moderna y Janssen— se administran mediante dos pinchazos en el brazo, separados por menos de un mes de diferencia, a excepción de Janssen, que es monodosis. “La vacunación intramuscular no es la más adecuada para inducir la inmunidad en mucosas y la producción de IgA”, cuenta Zúñiga. La experta añade que una vacuna de administración intranasal y oral lleva mucho más tiempo de desarrollo que las actuales.

En España, como en muchos otros países, la estrategia de vacunación prioriza a los grupos vulnerables y a las personas mayores, ya que la edad es el principal factor de riesgo de hospitalización y muerte. El motivo de vacunar a grupos prioritarios como, por ejemplo, residentes en centros de mayores y grandes dependientes no institucionalizados, es protegerlos de las formas más graves del COVID-19.

En conclusión, las vacunas contra el COVID-19 evitan las formas más graves de la enfermedad. Su objetivo es reducir la mortalidad por el virus y evitar que el sistema sanitario colapse. Por ese motivo, a pesar de que una persona haya recibido la vacuna, debe seguir manteniendo todas las medidas de protección.

Actualización: 25/6/2021

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Este artículo está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.

AVISO: Este artículo recoge el análisis de una o varias fuentes expertas según la evidencia científica disponible en el momento de su publicación y podrá ser actualizado si surgen nuevas evidencias.

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