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Por qué somos uno de los líderes mundiales en vacunación COVID

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Agencia SINC

01/09/2021

La confianza en una sanidad pública universal; la solidaridad; sentirse en riesgo; y un relativo bajo eco del negacionismo han hecho de España una potencia en vacunación COVID. Pero ojo: los líderes deben cerrar filas en torno a la vacunación y el sistema sanitario para mantener lo logrado.


Dos adolescentes se vacunan contra el COVID-19 en el hospital Enfermera Isabel Zendal de Madrid. / EFE/Chema Moya

Fuera modestia: somos de los pocos países que ya han vacunado al 70% de su población. ¿Cómo lo hemos conseguido? Conviene averiguarlo para en el futuro saber qué hacer más y qué, por el contrario, evitar. Lo que está claro −advierten expertos y expertas− es que no hay que bajar la guardia. 

Las estadísticas mundiales sobre el avance de la vacunación tienen poco de éxito global, teniendo en cuenta que en muchos países el porcentaje de vacunados no llega al 2%. Pero donde sí hay vacunas “España es un modelo a seguir con sus excelentes cifras de vacunación”, afirma Astrid Wagner, investigadora del Instituto de Filosofía del CSIC; “es un buen momento para apreciar y analizar los éxitos”. 

En los países sin carestía, y asumiendo una capacidad logística similar, el avance de la vacunación depende de la disposición de los ciudadanos a vacunarse. Y lo cierto es que “nosotros hemos llegado a hacer horas de cola mientras otros países ofrecían cerveza por vacunarse y ni aun así”, señala Pep Lobera, sociólogo de la Universidad Autónoma de Madrid.

La explicación está no en uno, sino en muchos factores pro-vacuna que se han ido retroalimentando. Lobera habla de una “bola de nieve”. 

Pero también vale la metáfora del castillo de naipes, que explica la necesidad de entender el porqué de nuestro éxito. Si la vacunación ha crecido a base de factores que se apoyan entre sí, conviene identificar cuáles hacen de muro maestro; si se debilitan el castillo se desploma − y aumenta el rechazo a vacunarse−.

Sí había reticencias

Para empezar Lobera insiste en que “no es cierto que en España no haya polémica en torno a la vacunación. Sí la hay. El arco de opiniones es muy amplio. Hay gente que lo tenía muy claro, gente que tenías dudas y se ha vacunado, y también gente que cree en teorías conspiranoicas. Pero han predominado los factores que han impulsado la bola de nieve a favor de la vacunación”.

Wagner también destaca esta diversidad de posiciones: “Existen diferentes formas de oposición a la vacunación: las que se basan en razones ideológicas muy arraigadas, otras por temores muy concretos o circunstancias sociales, otras basadas en la inseguridad provocada por los bulos, etcétera”. 

Por eso no es sencillo identificar los factores en juego. El dato de vacunados es conocido, pero los mecanismos mentales individuales que lo generan están en una caja negra. “Nosotros conocemos el producto final de una decisión, pero no vemos lo que hay detrás”, dice Pablo Simón, politólogo de la Universidad Carlos III, en Madrid.

Cada vez más deseos de vacunarse

A lo largo de la pandemia varias encuestas han abierto agujeros-mirilla en la caja negra. COSMO-Spain, realizada por el Instituto de Salud Carlos III y la OMS, ha publicado resultados cada dos meses desde mayo de 2020. La FECYT ha hecho tres Encuestas de Percepción Social COVID-19, en junio-julio de 2020; enero de 2021; y mayo de 2021. Dirigidas por Lobera, sus resultados están en el informe Evolución de la percepción social de aspectos científicos de la COVID-19.

Estos estudios reflejan cambios en la intención de vacunarse según el devenir de la pandemia. Como escribía en The Conversation María Joao Forjaz, epidemióloga e investigadora de COSMO-Spain, “en julio de 2020 un 70% estaba de acuerdo en vacunarse; este número bajó hasta cerca del 40% en noviembre de 2021 y subió al 72-74% después de la tercera ola de la pandemia, coincidiendo con el inicio de la campaña de vacunación”. 

El estudio de la FECYT corrobora la tendencia positiva. “La confianza en la vacunación sigue en aumento continuado desde finales de diciembre”, señala. “Actualmente [mayo de 2021] solo dos de cada treinta residentes en España expresan reticencias a la hora de aceptar la vacunación”.

Cuestión de confianza

En esta evolución, el primer factor clave que señalan los expertos es la confianza en los médicos, los científicos y el sistema público de salud. “La disposición a vacunarse es siempre una cuestión de confianza”, dice Wagner. 

Para Txextu Ausín, del Instituto de Filosofía del CSIC, “en España mantenemos una confianza en la ciencia superior a otros países, y muy por encima del escaso crédito que tienen otras instituciones como la monarquía, los partidos políticos o los medios de comunicación. Esta confianza en la investigación y por tanto en las nuevas vacunas es un elemento crucial”. 

En efecto en todas las rondas de COSMO-Spain son los científicos, los hospitales y los centros de salud las instituciones en que más se confía. También en el estudio de FECYT “se confirma que la confianza en las instituciones es central en una menor difusión de las teorías de la conspiración”, se afirma en las conclusiones. 

Solidaridad, percepción del riesgo y conspiracionismo

Otros elementos clave en el éxito de la vacunación son la solidaridad, una alta percepción de riesgo y el eco de las teorías conspiranoicas.

“Mucha gente se ha vacunado para proteger a miembros más vulnerables de su familia”, explica Lobera. Wagner está de acuerdo: “En el contexto cultural español son de gran importancia los lazos familiares intergeneracionales, así como el estrecho contacto social en general. Esto era especialmente importante ahora en verano, cuando muchas familias se reúnen”.

Ventaja de partida

Confiar mucho en las instituciones sanitarias −y por tanto una alta aceptación de las vacunas− y tener densas redes familiares y sociales implica partir de “una situación de ventaja” respecto a otros países. También tenemos menos teorías conspirativas: “Tradicionalmente, el grupo antivacunas en España no es tan amplio como por ejemplo en Alemania o Francia”, señala Wagner.

Sin embargo Lobera advierte que “no hay que bajar la guardia: si disminuye la percepción de riesgo −lo que puede ocurrir precisamente con el avance de la vacunación− o de que al vacunarte proteges a los demás, o si aumentan las teorías conspiranoicas, los resultados pueden cambiar. El efecto bola de nieve también funciona al revés”. 

Por ejemplo si el punto de partida es de más rechazo y hay que animar a la vacunación con regalos, eso puede activar sesgos negativos: “Si me ofrecen algo dudo, si se plantea la obligatoriedad dudo un poco más… y así”, dice Lobera. 

¿Dar las gracias a los tramposos?

Que un regalo desincentive no es la única paradoja en lo relativo al comportamiento social. Esta es otra: “el mal ejemplo de los políticos que se saltaban la cola puede haber creado un efecto de ‘bien valioso’”, señala Pablo Simón. “Si hacen trampa para conseguirla, debe ser buena”.

Simón ve más factores pro-vacunación complementarios. El haber organizado la estrategia de vacunación con prioridades claras, comunicadas de manera transparente, seguramente ha hecho más deseable un bien escaso. Si además su acceso está garantizado según principios éticos de justicia y equidad, la confianza en el sistema sanitario público se refuerza aún más. 

La combinación de no obligatoriedad e incentivos también ha contribuido: “Para nosotros es tan importante la vida social que el coste de vacunarse se considera bajo si a cambio podemos ir de cañas con amigos”, observa Simón. Se entablaría así un quid pro quo con el Estado, que a medida que la vacunación avanza −y bajan los casos de enfermedad− iría eliminando restricciones.

Ven y cuéntalo

Publicar el momento del pinchazo en las redes sociales “puede parecer banal, pero quizás no lo ha sido tanto”, añade Simón. Habría potenciado un efecto llamada: cuanta más gente sube su foto, más gente quiere subir la suya. 

La psicóloga experimental de la Universidad de Deusto Helena Matute añade a la lista una cuestión práctica: el haber organizado un sistema de citas personalizado, con un mensaje al que había que responder en poco tiempo. 

“Ha funcionado muy bien”, dice Matute, que explica un cierto efecto de “oportunidad”: nos habríamos sentido cuidados de manera personal por el sistema, una atención a la que debíamos atender rápido o nuestro sitio pasaría a otra persona. 

“Sin duda es un éxito logístico de la sanidad pública”, coincide Astrid Wagner. “Se ha demostrado la importancia de una salud pública accesible a todos en tiempos de crisis. Además, el sistema de citas ha funcionado bien. En otros países europeos los ciudadanos tuvieron que inscribirse en la vacunación”.

“Desde el principio las vacunas estaban vistas como única vía de salida de la crisis”, concluye Wagner. “Y la experiencia de la crisis ha sido muy fuerte en España”.

Este artículo de la periodista Mónica G. Salomone se publicó originalmente en la web de la agencia SINC y tiene una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.

AVISO: Este artículo recoge el análisis de una o varias fuentes expertas según la evidencia científica disponible en el momento de su publicación y podrá ser actualizado si surgen nuevas evidencias. 

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